No se agarre el sol para usted solita
El estar excesivamente “tostado” no es un indicador de disfrute vacacional, mucho menos un simple antojo de coquetería, sino una señal de que
su cuerpo fue dañado por los rayos ultravioleta. Disfrute de la playa
pero... ¡Protéjase! Pablo Blanco

FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/MICHAEL KELLER
“¡Pero, bueno, tú te agarraste el sol para ti solita!”, suelta algún compañero de trabajo a esa coqueta ejecutiva que llega a la oficina radiante después de unas cuantas largas sesiones bajo el generoso sol de Mochima. “¡Qué bonito color, Doctor Ramírez!”, comenta la osada secretaria a su serio jefe que recién llega de Los Roques. Lo paradójico es que ese “preciado” color tostado es una señal corporal de que la piel fue “maltratada” por los rayos ultravioleta. El tema, que no es precisamente nuevo, cobra más vigencia con el pasar de los años debido a la progresiva disminución de la capa de ozono; el único componente del aire que impide el paso de los rayos ultravioleta.
Actualmente, el asunto tiene tintes dramáticos: en países como Australia y Estados Unidos se han intensificado las campañas de protección solar debido al paralelo incremento del cáncer de piel que generan los rayos ultravioleta. ¿A qué nos lleva este alarmante contexto? ¿A dejar de ir a la playa? Quizás sería utópico pretender que la gente que no lo tenga contraindicado deje de hacerlo. Particularmente en Venezuela sería privarse de hermosos tesoros naturales. No obstante, lo más recomendable, según los especialistas, es disfrutar del sol de una manera sana. Esto se traduce en una medida simple: usar protectores y filtros solares. La doctora Elena Machado de Kabbabe, médica dermatóloga de la Policlínica Metropolitana, aclara sus dudas al respecto.
Antes de entrar en materia
¿Se ha detenido alguna vez a leer el envase de algún protector solar? Pues éste es el momento indicado. “Casi todos los protectores solares indican en su empaque que protegen contra los rayos ultravioleta B (UVB); estos son, en efecto, causantes de quemaduras solares, enrojecimiento de la piel, ardor y ampollas. No obstante, mayor precaución suponen los rayos solares ultravioleta A (UVA), los cuales agravan considerablemente los riesgos de padecer de cáncer de piel, así como de generar el envejecimiento de la misma”, dice Machado. Agrega la especialista que es pertinente, pues, que los consumidores se fijen si el producto indica protección contra ambos factores UVB y UVA. Como es lógico pensar, si el protector dice que lo está protegiendo sólo contra rayos UVB, usted se está exponiendo a un tipo de radiación más perjudicial. ¿En qué se traducen estos tecnicismos? Todo tiene su raíz en las partículas energéticas que emite el sol, las cuales reciben el nombre de fotones. Los mismos, en su vibración y desplazamiento, crean una onda que se mide en nanómetros. De las longitudes de estas ondas, dos llegan al planeta Tierra. La energía de la radiación es inversamente proporcional a su longitud de onda. Es decir, cuanto más corta sea la longitud de onda más energía solar tiene. De esto se obtiene lo siguiente:
Rayos UVB: Tienen entre 280 y 320 nm de longitud de onda. Son los responsables del eritema mínimo, que es la reacción de la piel ante los primeros 20 minutos de exposición solar. Penetran a nivel epidérmico y provocan el bronceado de la piel.
Rayos UVA: Tienen una longitud de onda promedio de 320 nm. Entre 30 y 50 por ciento de los mismos llega a niveles profundos de la dermis, por lo cual causan los daños mencionados: envejecimiento de la piel y el melanoma. Este último consiste en una transformación cancerosa (maligna) de los melanocitos, que son las células que dan color a la piel. Generalmente ocurre en adultos, pero puede encontrarse también en niños y adolescentes.
Rayos UVC: Su longitud de onda oscila entre 200 y 280 nm, lo cual equivale a decir que son los que concentran mayor cantidad de radiación solar y, por ende, son aún más perjudiciales. No llegan a la superficie de la Tierra gracias a que, aún, la capa de ozono los absorbe. No obstante, es bien sabido que la misma está gravemente afectada por las emisiones de los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias químicas creadas por el hombre que la han perjudicado, y que anualmente disminuye en 0,5 por ciento.
Protectores solares químicos
Están compuestos de una sustancia que absorbe los rayos ultravioleta, la cual impide que los mismos entren en contacto con la melanina, que es el factor determinante primario del color de la piel humana. Captan la energía y transforman su longitud de onda en una inocua para la piel. Los más conocidos son el ácido cinámico, el ácido sulfónico, el alcanfor, la benzofenona y el dibenzoilmetano. En desuso está el PABA (ácido paramino benzoico) debido a las reacciones irritantes que causaba en la piel.
Filtros o pantallas solares físicas
Se encargan de dispersar los rayos ultravioleta, pues desvían su incidencia sobre la piel. Actúan contra ellos por reflexión; es decir, los reflejan en otra dirección. Son más usados por los surfistas y su composición es más espesa que la de los protectores solares químicos. Los más utilizados son el óxido de zinc, el dióxido de titanio y la mica.
Menciona la doctora que para aquellas personas que necesiten una fuerte protección solar lo ideal es la combinación de un protector con un filtro solar en todo su cuerpo. Al igual que en el caso del resto de las cremas y productos para la piel, estos productos se subdividen, a su vez, en los que protegen el área facial y los indicados para el resto del cuerpo.
¿Cuál usar?
Para explicar este punto, Machado recurre al concepto de fototipos cutáneos original del dermatólogo James E. Fitzpatrick, una clasificación basada en la capacidad de adaptación que tiene nuestra piel frente al sol desde que nacemos.
Fototipo 1: Es la persona albina, caucásica blanca. Su eritema mínimo hace que su piel enrojezca y se “queme” y le salgan ampollas. |
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Fototipo 2: Se trata del blanco europeo cuyo eritema mínimo le hace “tomar color” rápidamente, pero su piel no es tan sensible como la anterior.
Fototipo 3: Es el blanco hispánico o latino. Podría decirse que su eritema mínimo “aguanta” o “pasa la prueba” de esos primeros 20 minutos de exposición solar sin ninguna reacción anormal.
Fototipo 4: Es la típica piel mediterránea, de ojos y cabellos color castaño. Se pigmenta fácilmente y su eritema es ligero.
Fototipo 5: Corresponde a las pieles morenas e indias. Se pigmentan intensamente, pero su eritema mínimo es casi imperceptible.
Fototipo 6: Es el de la piel negra. No genera eritema mínimo pero sí bronceado.
El número de cada tipología está referido a los niveles de melanina que tenga cada individuo en la piel. En Venezuela predomina la tipología número 3. De esta clasificación depende el Factor de Protección solar que debe usar cada persona.
El FPS
El factor de protección solar, también indicado en los productos como SPF (por sus siglas en inglés solar protection factor) se clasifica por números que van, por lo general, del 8 al 75. Los mismos están referidos al tiempo que podemos pasar bajo el sol cuando estos productos han sido aplicados adecuadamente. Todo se resume a una operación matemática: un factor de protección solar número 15 significa que el individuo está protegido 15 veces más que si no se hubiera aplicado el protector. El FPS se multiplica por el eritema mínimo (que como ya se mencionó anteriormente es de 20 minutos). Si el FPS es de 15, el resultado de esa multiplicación será de 300, que no son más que 300 minutos; un equivalente aproximado a cinco horas de exposición solar. Este asunto sería matemático si no nos metiéramos al mar, si no sudáramos o si en la playa no hubiera viento, lo cual es bastante improbable, por lo cual, la recomendación médica es aplicar el protector —como mínimo— cada hora y media y, si la piel está mojada, secarla antes de aplicar el protector. De igual modo, lo ideal es aplicar el producto media hora antes de exponerse al sol.
“El sudor, el viento y el agua ‘tumban’ el protector solar. Bien es cierto que hay algunos productos que tienen resistencia al agua; no obstante, igualmente la medida debe ser la misma: renovar la aplicación cada hora y media. Habrá los que piensen que este ejercicio es un poco ‘neurótico’, pero debe ser seguido al pie de la letra dada la incidencia actual de los rayos UV sobre el planeta. Es importante destacar también que las personas de tipología de piel entre 1 y 3 deben aplicarse, como mínimo, un protector solar de factor 15. De hecho, yo recomiendo siempre a esos pacientes usar el factor 30, que, en promedio, garantiza una mejor protección. Los de piel oscura quizás pueden estar protegidos con un factor 8, siempre y cuando respeten la norma anterior. Es pertinente, de igual modo, usar un FPS de mayor número en las zonas más sensibles; es decir, la cara —especialmente en las mejillas— los lóbulos de las orejas, el puente nasal, el empeine, la nuca y los hombros”, aclara la doctora Machado.
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Lo que no se debe hacer
Los bronceadores y aceleradores de bronceado están contraindicados. Tanto los comerciales como los de fabricación casera. “Estos productos lo que hacen es concentrar los dos tipos de rayos ultravioleta en la piel: los UVB y los UVA, por lo cual el daño es doblemente perjudicial. Casos insólitos los de la gente que se aplica refresco para broncearse”.
Exponerse directamente al sol tampoco es recomendable, hace que los rayos solares se concentren en la piel y dificulten el trabajo del protector o el filtro. “Es una actividad que debería estar en desuso, debido a sus graves consecuencias”. Lo ideal es mantenerse activo y no estático frente al sol. |
Tampoco se debe colocar el protector solar de los adultos a los niños. “Hay madres que me dicen que ellas se aplican un producto de FPS número 75 y que ese mismo es el que le colocan a sus hijos pequeños. Esto es un error; la piel de los pequeños, hasta los 10 u 11 años, no está preparada para los componentes químicos de los protectores formulados para adultos”, dice la experta, y agrega que no es recomendable llevar los bebés recién nacidos a la playa antes de los seis meses de vida.
Lo que se debe hacer
La especialista recomienda lo siguiente: verifique que su protector o filtro solar tenga las siguientes características:
•Debe ser de fácil aplicación.
•Ha de tener un olor agradable; los malos olores son un indicador de que el producto ya no está apto para el consumo humano.
•Debe ser resistente al agua.
•No debe irritar los ojos.
Recuerde que la protección solar es pertinente en otros entornos geográficos y climáticos. “En la montaña la precaución debe ser igual, sobre todo si el clima es frío, ya que la piel se seca y queda menos protegida contra la incidencia de los rayos solares. Lo que puede variar es la renovación de las aplicaciones; se pueden llevar a cabo cada tres horas”, menciona Machado al tiempo que aclara que no se debe caer en ‘la trampa’ de los días de playa nublados: “Si el cielo está nublado igualmente los rayos solares están penetrando en la superficie terrestre, la diferencia es que no vamos a sentir la molestia del calor, por lo cual es obligatorio colocarse el protector o filtro solar”.
Antes de salir a la playa no olvide empacar lentes que tengan protección UV. Son más costosos pero la inversión bien vale la pena. Igualmente coloque en su maleta sombreros y gorras. Si tiene oportunidad, infórmese sobre las líneas de ropa confeccionadas para protegerse de los rayos UV. Son perfectas sobre todo para los niños, a quienes renovarles el protector a veces se vuelve una misión imposible.
Se recomienda no exponerse al sol después de las 10 de la mañana ni antes de las tres de la tarde. Cuando esta indicación es “utópica”, lo ideal es colocarse bajo techo en las horas en las que los rayos solares inciden perpendicularmente sobre la tierra; es decir, entre las 10:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde y, del mismo modo, utilizar los accesorios recomendados en el punto anterior.
No deje de aplicarse el protector antes y después de salir del mar. La claridad de la arena o del agua funcionan como “reflectores” del sol: a mayor transparencia del mar y mayor blancura de la arena, el sol, por refracción, llega con mayor fuerza a la piel.
El remedio casero que sí puede ponerse en práctica es el consumo de alimentos con betacaroteno un par de semanas antes de ir a la playa. La zanahoria, la auyama y la lechosa contienen este componente que activa la melanina en la piel y hace que se genere una ligera pigmentación en un tono cercano al amarillo. “Puede generar un ‘bronceado’ sano, siempre y cuando se tenga aplicado el protector solar”.
También pueden usarse los —muy en boga— productos autobronceantes, que no son más que cremas que “pintan” la piel y pueden llegar a lograr que se pigmente ligeramente. “Son generalmente usados por personas que no quieren ‘asustar’ a los demás con su blancura al ponerse el traje de baño. No deben ser usados en la playa, sino días antes de partir de vacaciones”. |
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Después de un día de playa, lo más recomendable es aplicarse una crema hidratante genérica, sin ninguna otra especificación que diferenciar la que va en la cara de la que se aplica en el resto del cuerpo. “Es bueno destacar que los llamados productos aftersun (para después del sol) no contrarrestan ningún tipo de daño a la piel, solo ‘refrescan’ y alivian el ardor en caso de quemaduras”. Si tiene muchas dudas sobre las reacciones de su piel ante el uso de un protector o filtro solar no deje de consultar a su dermatólogo de confianza. “Hay personas que creen que son ‘alérgicas’ a los protectores, esto puede tener que ver con el hecho de que su piel sea grasosa, lo cual inevitablemente generará cierto tipo de acné frente al sol”.
La doctora Machado recalca la importancia de llevar a cabo campañas de prevención solar sobre todo en la población joven. “Esto responde a que durante nuestros primeros 18 años de edad recibimos 80 por ciento de toda la radiación solar que vamos a recibir durante toda nuestra vida. ¡La piel guarda memoria!, si de jóvenes la exponemos irresponsablemente al sol, los daños no se notarán hasta después de los 40 años, es un maltrato crónico. Y en el peor de los casos puede aparecer ‘registrado’ un melanoma”.
Se imponen, dado todo lo anterior, los bronceados “ligeros”. No responden a una tendencia de la moda sino a importante medida preventiva para proteger la salud humana.
Fuentes consultadas
Doctora Elena Machado de Kabbabe,
dermatóloga. Policlínica Metropolitana.
Telfs: 985.40 17 / 908.0366.
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